Feliz año a todo el mundo.
El frío ha llegado por fin. Voy a arrancar los pimientos y las berenjenas que quedan, ya no llegarán + lejos.
Quedarán una espinaca, algunos canónigos y muchas, muchas lechugas. Tengo que contarlas, por lo menos hay un par de decenas.
La recolección de las lechugas (y de las espinacas) puede hacerse de tres maneras: la planta entera, sólo unas hojas, o cortando a ras a unos cm del suelo. El sistema elegido depende del grado de madurez de la planta, de la especie en cuestión, de las preferencias y del estado de ánimo del recolector, del tipo de ensalada que se esté preparando…
El sistema que yo suelo emplear es el de cortar a 2 ó 3 dedos de la tierra, así me llevo toda la parte comestible y me aseguro que vuelva a rebrotar. De esta manera tarda menos en haber otra nueva lechuga disponible que sacando la planta entera (y trasplantando una nueva en su lugar, claro). El sistema de ir sacando hojas no me gusta porque las hojas de fuera, que son las que se recolectan, son las menos tiernas, acabo poniendo en el plato las hojas + feas y dejando las+ apetecibles en la planta.
Además, este sistema de cortar a ras es el que me resulta mejor en la especie ahora tengo: Orella de ruc. Las lechugas de este año son hijas del ejemplar que I. trajo del cole el año pasado. De las que he probado ésta es la especie que más me gusta, porque crece rápido y sin plagas, no es amarga y, al tener una forma alargada, ocupa poca superficie y esto es muy importante, como decía Yolanda, en huertos mini como los nuestros, donde cada centímetro cuenta.
Los números cantan: tres ejemplares de “orella de ruc” (a la izquierda) ocupan un tercio de la superficie que tres ejemplares de otras variedades más anchas.





























